jueves, 8 de octubre de 2009

Camino Ruin.

Prendí esa droga que tanto me acerca a la muerte, camine con un paso ligero hacía su casa, y luego de recorrer ese camino que me conducía a ella, la encontré.
Allí estaba, sentada en el mismo banco que aquel martes pasado; sus cabellos resaltaban entre la celeste tarde.
Cabizbaja esperaba y al observar mi aproximación, se levanto, sonrío y camino hacía mi.
Ansiosos de cometer cierto propósito, nos dirigimos hacia el centro comercial.
Luego de caminar, llegamos. Minutos más tardes, luego de recorrer comercios en busca de deseos, decidí retirarnos e irnos a caminar por la ciudad.
Cansados, hablando del pasado, con los ojos débiles tomamos un autobús que iba a la reserva. Y allí, sentados frente a la naturaleza descontextualizada por la ciudad, conversamos largas horas y reíamos demasiado.

-Cuéntame un secreto, anda.
-Que quieres que cuente, pregunta.
-No lo se, dime tu, tendrás tanto que contarme de tu vida.
-En verdad no se, no tengo secretos. Pero si te refieres a aspectos de mi persona, podría estar toda una noche.
-(Reí) Anda cuéntamelos , si era eso a lo que me refería.


Así, toda la noche estuvimos, confesándonos cosas íntimas el uno al otro, era algo recíproco.
En el transcurso de toda la noche decidimos volver a nuestras casas pero para ello debíamos tomar el autobús, entonces a la estación de autobuses que se encontraba lejos de donde nosotros estábamos nos dirigimos.
Sincronizadamente, luego de llegar a la estación, cinco hombres con la cara cubierta roban nuestros teléfonos y dinero. Desesperanzados, nos alejamos de aquella estación desierta. Recorrimos parte de la cuidad, alejándonos cada vez mas de la dicha estación. Recuerdo que cantábamos y hablábamos para reírnos, para conocernos o para distraer nuestro pensamiento de aquel suceso improvisto.
Doce horas ya habían pasado desde que partimos de aquel banco. Nace el sol una vez mas, los edificios comienzan a cortejar la luz. Nuestras manos frías necesitaban de nuestros hogares para descansar. Caras llenas de agotamiento y desconsuelo seguían riendo ante la hora de un reloj.
Pronto el tiempo sería la mayor preocupación para ella y para mí.



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